La caja china y el vestido rojo

“El periodista y ambientalista George Monbiot, ha logrado documentar con estudios psicológicos, la forma en la que el materialismo está relacionado con la depresión, ansiedad y el quiebre de relaciones. Es un comportamiento socialmente destructivo y también auto destructivo. Es un rasgo que puede afectar tanto ricos como a pobres y el que los investigadores definen como “un sistema de valores que se preocupa por las posesiones y la imagen social que proyectan.” Destruye la felicidad y la paz mental de los que se someten a él. Siempre se ha observado una co relación entre materialismo, falta de empatía, compromiso con los otros y falta de felicidad. Pero como Monbiot explica, estudios realizados durante los últimos años demuestran causalidad. Mientras la gente se vuelva más materialista, su bienestar – relaciones positivas, autonomía, autoestima, sentido de propósito – disminuye. Mientras se vuelven menos materialistas, aumenta.

 

Es importante enfatizar que no hace ninguna diferencia ser pobre o ser rico, ambos pueden ser susceptibles al materialismo. Es una aflicción social general, que nos ha sido impuesta por gobiernos, corporaciones y el derrumbe de las comunidades y la vida cívica y espiritual lo que nos está devorando desde dentro. Un mundo carente de significados fuera del capital.”

 

– Manifiesto Cinemapoem

 

 

Vania (le diremos así para ocultar su identidad por completo) me llamó unos días después de cerrar mi espacio en Juliana, una tienda en Polanco en la Ciudad de México, donde tuve un espacio aproximadamente por 7 meses. Las razones: Juliana a su vez cerraría sus puertas. Me pareció una ocasión excelente para llevar un paso más allá el experimento al que me he avocado en cinemapoem: crear conexiones humanas independientes del materialismo. El lugar para hacerlo: mi casa. Lo más íntimo, mi hogar. Abrir las puertas de mi corazón.

“Conectar los cables de un circuito es muy diferente a intentar conectar mentes. El Internet, como existe, es obsoleto para la humanidad. Salgamos y juguemos con nuestras mentes y cuerpos. Debemos experimentar con nosotros mismos. Ése es el único conocimiento que vale la pena tener. Experimenta.” @compasswallah

 

Y así, un día, entró Vania por la puerta junto a su abuela, sin yo saber bien quién era. ¿Tuve miedo? Sí. Pero decidí confiar.

Ella sabía muy bien qué quería: una copia de un vestido de carolina herrera. Traía todas las fotos del vestido, el comercial en video, la tarea completa. Era su sueño, me quedó claro. Aunque no me interesó en particular la idea, decidí hacer todo lo posible por hacer el sueño de Vania realidad. Por conectar con ella. Aunque no comulgo con el capitalismo que vende una marca como carolina herrera, que vende sus vestidos en $28,900 pesos, ¿quién va a pagar eso? ¿Para un día? No Vania, yo te lo hago, por otro precio, por otras razones.

A la segunda cita llegó con su mamá. Su mamá preocupada por ponerle una faja, por sus enormes senos, porque su novio se ofreció a pagarle unas inyecciones en los brazos para que no se le vieran los “gorditos”. No. Yo te hago un vestido porque yo te veo perfecta. Que no te inyecten los brazos, que te ves muy bien.

En la segunda cita, la mamá de Vania comienza a llorar. “¿Cuánto me va a a costar esto? Es que sabes, me estoy divorciando.” Corro por los kleenex, corro, porque siento empatía, corro porque esto no lo puedo tolerar, mientras Vania sale del baño enfundada en la primer prueba. “Cálmate, no llores. No, yo quisiera ser millonaria haciendo esto, pero, no, tú me pagas cuando puedas. Como puedas”. El dinero qué. Yo soy millonaria de otras cosas. Yo soy millonaria de que no te quiero ver llorar. Yo soy millonaria de que quiero que nadie le vuelva a decir a Vania que está gorda, porque ella es un poema. Y es su graduación. No la arruines por dinero.

En la tercer y ultima prueba, Vania se ve al espejo, dice: “Estoy enamorada de este vestido, es el más bonito que he tenido en mi vida”. Celebramos y le deseamos buena suerte, Lolita, la modista y diseñadora del vestido (que le fusilamos a carolina herrera) y yo. Fue la última vez que vi el vestido. Y a Vania. Se lo llevó sin pagarme la última parte. Prometió hacerlo más tarde.

 

Unas horas después, recibí una llamada de su mamá, insultándome, diciéndome que le había hecho el vestido más horrible que había visto en toda su vida. Ahí fue cuando mi cabeza entendió lo que se había negado a ver por varías semanas: que esa mujer frágil que unos días antes había llorado en mi casa para pedirme un precio más bajo, era una manipuladora hecha y derecha, con una voz como un hacha, que lo único que buscaba era no pagar el resto que me debía. Decidí, cortar comunicación con ellas, aceptar la estafa, y les supliqué que no me dieran un centavo más. Así no. Así, nunca. Ahora ese vestido rojo, es un pájaro blanco que yo regalé a Vania.

 

Al irse de mi casa Lolita, enferma, se sube a un taxi y olvida su celular. Cuando se baja, piensa: lo perdí, ya me lo robaron, nunca lo voy a volver ver. Se lamenta, se siente despojada de una de sus herramientas de trabajo. Su hija le sugiere marcar, “a ver quién contesta”. Para su sorpresa, contesta un médico de cancerología: “Me subí al taxi después de ti. Encontré tu teléfono y decidí tomarlo y resguardarlo para que no te lo fueran a robar. Apunta los datos de mi consultorio, aquí te espero para devolvértelo.” Cuando me lo contó Lolita, justo después de que le conté lo que había pasado con Vania, casi al mismo tiempo las dos nos dijimos una a la otra: “ya ves, sí hay gente buena.” Claro que la hay, carajo.

 

Este año fue uno fuerte para cinemapoem. Decidí abrir un espacio en Juliana, conocí gente llena de luz, gente que me hizo crecer, hice videos increíbles, tuve que cerrar mi espacio, llorar, dejar de creer, volver a creer, conocer a Vania y a su temible mamá, para entender que el triunfo del capitalismo sería que yo dejara de confiar en la gente. Que me dijera: “eres una tonta, no vulvas a confiar en nadie.” Pues no. El experimento sigue. Para la gente es muy difícil entender que los que trabajamos desde nuestro hogar y la empatía, merecemos el mismo respeto que un corporativo de millones de dólares que no le importa si eres gorda o flaca. Si un día lloras frente al espejo, porque crees que eres fea. A pesar de eso, vamos a seguir intentando jugar bajo otras reglas. Las de cinemapoem.

 

Que viva la vida. Ahí te vamos 2019, prepárate que tengo muchos vestidos, videos, significados, música y empatía desbordada por la piel. ¡Ah! Y la cajita china de los 50’s donde mi abuela guardaba sus aretes, pulseras y anillos. Me la regaló mi tía en navidad. Un significado amoroso de mi linaje linaje femenino. Gracias a todos y cada uno de los que se cruzaron en el camino de cinemapoem en el 2018.

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